Mi Abuela es una bruja. Lo reafirmo porque así le dicen los vecinos cuando ella les rompe sus macetas con su bastón. Creo que ya se retiró del mundo de la magia desde esa vez que se cayó de su escoba y terminó caminando como si todo su lado derecho se estuviera derritiendo. Mamá le llama ‘embolia’ si yo tuviera mi escoba voladora no le pondría ‘embolia’, tal vez le pondría ‘fugaz’ o algo así. Sin su bastón, la Abuela arrastra su pierna y crea un sonido muy particular, “shhhhh”. Si, así exacto, cuando arrastra su pierna suena como si te estuviera callando, “shhhhh”. A veces invita a sus amigos hechiceros a su morada y beben pociones echadas a perder. Creo que están echadas a perder o tal vez no les sale bien la pócima porque apesta. Después de varias horas y después de haber vaciado el pocillo actúan muy extraño: gritan, ríen, danzan mientras se hacen bolita unos encima de otros. A lo mejor la edad los afecta porque si les toma mucho tiempo mezclar los diferentes ingredientes en su gran pocillo, aunque se ve que lo hacen con cuidado. Vacían una botella con liquido transparente, luego otra botella con liquido negro y pum, su poción esta lista. Espero que mi cara no cambie como las de ellos, yo no quiero espantar niños.
Mamá odia la magia, al menos eso es lo que creo y siempre nos encierra a ella y a mí en su cuarto cuando nota que los hechiceros vienen a hacer pócimas. “No quiero que me toquen,” dice Mamá cuando ve mi cara de duda al estar en la esquina del cuarto. No la juzgo, ha de ser horrible que un hechicero te quite la juventud de un solo chasquido. Abuela termina exhausta de hacer tanta magia y después de sus reuniones normalmente duerme mucho, ha de ser la edad.
Abuela fuma mucho y como le cuesta trabajo caminar me manda a comprar cajetillas y cajetillas de cigarros. También me pide que vaya a la fonda de abajo a pedir fiado. No sé bien que significa fiado pero ha de ser algo malo porque la de la fonda siempre dice, “no, tu bruja abuela no paga.”
Me gustan los Domingos porque Mamá nos lleva al parque a la Abuela y a mí. Abuela tiene una silla genial que me encanta porque tiene ruedas. Me siento en sus piernas y paseamos bajo los maravillosos rayos del sol. Es tan divertido pasear sin usar tus piernas, escuchar al señor globero, comerme unas obleas en el camino, reírme de como Abuela le dice a Mamá, “quita tus pinches chichotas de mi nuca,” cuando Mamá tiene que levantar la silla para subir a una banqueta. Amo los Domingos.
Uno de esos Domingos nos encontramos a mi papá y el mundo se detuvo. Tiene que ver con las antiguas guerras de las brujas y los hechiceros. Veras, mi papá viene del clan ancestral de los hechiceros del sur y Abuela es del clan de las brujas del norte. Si quieres caos solo tienes que juntar a los dos clanes para provocar el fin del mundo. Digo después de todo así fue cómo se extinguió la Tierra Media. Todavía no aprendo el idioma de las brujas y hechiceros por eso no entendí los conjuros que se aventaron papá y Abuela una contra el otro. Solo entendí pedacitos, algo de qué Mamá fue capturada por el clan del norte o algo así. Creo. Solo sé que papá le aventó un conjuro muy fuerte porque me paso por la cabeza y le dio directo en la cara de Abuela. Su impacto fue tan intenso que la dentadura de Abuela salió volando. Hubo un instante de silencio, todo se volvió lento como cuando se le acaba la pila a mi carrito eléctrico. Salte como resorte de las piernas de Abuela y fui por sus dientes, se veían tan indefensos en el asfalto. Recuerdo cuando me contó que perdió sus dientes en las guerras de los elfos y duendes. Las brujas fueron al rescate y salieron victoriosas pero hubo algunos daños colaterales, como los dientes de Abuela. “Todos los guerreros fuertes pasan por innumerables batallas, algunas veces ganas, otras veces ganas y terminas herida y algunas otras veces pierdes los dientes, pero nunca dejas de pelear,” decía Abuela. Cuando recogí su dentadura tenía un poco de polvo pero nada asqueroso. Se me ocurrió que podríamos usar una de esas pócimas transparentes que Abuela esconde debajo de su cama para limpiar cada diente. Estiré mi mano para regresarle sus dientes pero ella fue más veloz y me los arrebató con tanta fuerza que rasguñó mis manos. Abuela desafiante se me quedó viendo como si yo le hubiera tumbado los dientes mientras se acomodaba la dentadura. Sacó la lengua y pulió sus dientes uno por uno y después de un instante escupió muy cerca de mis pies. Cuando volteé a ver a papá, se había desvanecido. Definitivamente tengo que aprender ese poder de desaparecer por completo sin dejar rastro.
Abuela dice que pronto se va a ir al otro mundo. A mí me encantaría irme con ella al mundo donde no tienes que controlar tu magia pero ella dice que todavía me falta mucho que aprender. Mamá poco a poco hace preparativos; entra y sale de la casa con cara desencajada. Abuela empieza a empacar algunas cartas importantes, supongo que ahí es donde ha escrito todas sus runas y encantamientos. Dice que me va a dejar su capa en la que puedes ocultar todas tus pócimas en todos los bolsillos secretos. Supongo que voy a extrañar sus gritos y como aventaba cosas por toda la casa. Definitivamente no voy a extrañar el humo del cigarro que siempre esta en su boca como extensión de su cuerpo. Abuela se me acerca y me dice algo que para variar no entiendo, solo puedo ver lo morado de sus labios. Días después que se fue al otro mundo, escuché a Mamá contarle al vecino que los pulmones de Abuela se llenaron de sangre. Creo que ya no estoy tan segura de irme al otro mundo.